Fiestas responsables

Llegó diciembre, el mes de las celebraciones, los encuentros y las mesas compartidas, pero también un momento del año en el que el desperdicio de alimentos alcanza uno de sus picos más altos. Estudios internacionales de Estados Unidos (EPA) y Reino Unido (WRAP) muestran que durante las fiestas de fin de año el desperdicio en los hogares crece entre un 25% y un 30%. A nivel local, datos de organismos como CEAMSE y relevamientos del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGyP) registran en las ciudades un aumento significativo de los residuos domiciliarios. Es comprensible: cocinamos de más, las sobras no siempre se aprovechan y el calor acelera el descarte de frutas y verduras. Diciembre, entonces, también puede ser una invitación a revisar nuestra relación con los alimentos y a preguntarnos cómo evitar que tanto trabajo, energía y comida terminen en la basura.

La dimensión del problema

A escala global, se estima que un tercio de los alimentos producidos se pierde a lo largo de toda la cadena, desde el campo hasta el transporte y el almacenamiento, mientras que alrededor del 17% se desperdicia en la etapa de consumo, especialmente en los hogares. En promedio, cada persona desperdicia unos 132 kg de alimentos por año en el mundo, considerando hogares, comercios y servicios de alimentación. Esto equivale a más de 1.000 millones de comidas desechadas cada día, en un contexto donde cientos de millones de personas enfrentan hambre y dificultades para acceder a una alimentación adecuada. Además, este desperdicio representa entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y consume enormes cantidades de agua, tierra y otros recursos naturales, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP).

En Argentina, se pierden y desperdician aproximadamente 16 millones de toneladas de alimentos por año, incluyendo las etapas de producción, distribución y consumo. Al tratarse de un país productor de alimentos, esta cifra equivale a casi 1 kg de alimento desperdiciado por persona por día, si se divide por la población total. Lejos de ser solo un problema, estos números también muestran una gran oportunidad para mejorar la eficiencia del sistema alimentario y construir una relación más cuidadosa con lo que comemos.

1.160 libras es la pérdida anual promedio de alimentos para una familia estadounidense de cuatro personas. Un año de comida sin comer, representado aquí en el hogar de los Waldt en Nueva Jersey. Fotografía de Robert Clark, National Geographic. 

¿Cómo evitar el desperdicio?

Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos es clave para avanzar hacia sistemas alimentarios más justos y sostenibles. Esto implica acciones a lo largo de toda la cadena —mejorando prácticas post-cosecha, transporte y almacenamiento—, pero también cambios en nuestros hábitos cotidianos. Con educación es posible cambiar las actitudes, comportamientos y hábitos de consumo.

A continuación 9 sugerencias concretas de la FAO:

• Pequeñas cantidades: Sirve o come porciones de comida más pequeñas en tu casa y comparte con tus amigos en los restaurantes si las porciones son grandes.
• Reutiliza tus sobras: Guarda tus sobras para otra comida o utilízalas en un plato diferente.
• Compra sólo lo que necesitas: Sé inteligente con tus compras. Haz una lista de lo que necesitas y procura seguirla. No compres más de lo que puedes consumir.
• Deja los prejuicios a un lado: Compra frutas y verduras «feas» o irregulares. Son igual de buenas, pero un poco diferentes.
• Revisa tu refrigerador: Almacena los alimentos a una temperatura entre 1 y 5 grados centígrados para una frescura y una vida útil máximas.
• Primero en entrar, primero en salir: Trata de usar productos que habías comprado anteriormente. Mueve los productos más viejos al frente y coloca los más nuevos en la parte posterior.
• Entender las fechas: “Consumir antes de” indica una fecha en la que el alimento es seguro para ser consumido, mientras que «Consumir preferentemente antes de» significa que la calidad del alimento es mejor antes de esa fecha, pero sigue siendo seguro para el consumo después de esta. Otra fecha que se puede encontrar en los paquetes de alimentos es la de «Caducidad», la cual es útil para la rotación del inventario para los fabricantes y minoristas.
 Composta: Algunos desperdicios de alimentos pueden ser inevitables, así que ¿por qué no instalar un contenedor de compost?
• Dona el excedente, compartir es vivir. planificar las compras, aprovechar las sobras, elegir frutas y verduras de temporada o “feas”, y entender mejor las fechas de vencimiento y consumo. Con cada gesto, cuidamos no solo la comida, sino también el trabajo de quienes la producen y los recursos que hacen posible que llegue a nuestra mesa.

¿Te interesa profundizar más? Te compartimos una infografía genial sobre la problemática y las soluciones, elaborada por David McCandless:

Food Waste — Information is Beautiful

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