Existe otra pandemia, con una tasa de mortalidad muy elevada, que afecta a todos los grupos de edad sin distinciones y avanza a un ritmo vertiginoso en todos los paĂses del mundo: hablamos del sobrepeso y la obesidad. En Argentina 7 de cada 10 adultos y a 4 de cada 10 niños, niñas y adolescentes, padecen sobrepeso. Estos nĂşmeros se corresponden con el aumento de las enfermedades no transmisibles (como diabetes, hipertensiĂłn arterial, algunos tipos de cáncer, enfermedades respiratorias, o cardio y cerebrovasculares) que son la principal causa de muerte en nuestro paĂs.
Y esta pandemia, como la otra, sĂłlo puede combatirse con ciencia y nuevos hábitos. SegĂşn la OrganizaciĂłn Mundial de la Salud (OMS), el sobrepeso y la obesidad infantil constituyen uno de los principales problemas de salud pĂşblica del siglo XXI. SegĂşn la evidencia cientĂfica los hábitos alimentarios influyen decisivamente en la apariciĂłn de estas enfermedades que matan. Por eso es tan importante promover el consumo de ciertos alimentos, limitar y evitar el consumo de otros.
Todos dicen que es más importante prevenir que curar, pero nadie dice que un nutricionista es más importante que un mĂ©dico. AsĂ es en la pandemia de la obesidad, porque se combate en el terreno de los patrones de consumo. Claro que esto es indisociable de los patrones de producciĂłn, porque las tendencias regionales y mundiales están fuertemente influidas por la oferta de industrias alimentarias a las que les resulta muy lucrativo el negocio de los ultra-procesados. Esto explica el aumento rápido y elevado del consumo de alimentos con alto contenido de azĂşcar, sal, grasas saturadas, calorĂas y aditivos. En las Ăşltimas dos dĂ©cadas, el consumo de energĂa que proviene de productos ultraprocesados aumentĂł un 53%, llegando a ser el 30% de las calorĂas totales consumidas por la poblaciĂłn en un dĂa. Como contrapartida de este avance retroceden los alimentos frescos o mĂnimamente procesados y las comidas caseras. De este modo los problemas de malnutriciĂłn de exceso de ingredientes nocivos y los de carencia de necesarios (hierro, vitamina A, cinc, entre otros) conviven en el mismo sistema alimentario.
SegĂşn la 2° Encuesta Nacional de NutriciĂłn y Salud está situaciĂłn atraviesa a toda la poblaciĂłn pero afecta especialmente a los grupos de mayor vulnerabilidad social, que refiere poco consumo diario de alimentos recomendados (frutas y verduras frescas, carnes y leche) y mucho de no recomendados (bebidas azucaradas, productos de pastelerĂa y golosinas) . Al mismo tiempo, al realizar el análisis por grupos de edad, los niños, niñas y adolescentes (NNyA) tienen un patrĂłn alimentario menos saludable que los adultos, con un consumo de un 40% más de bebidas azucaradas, el doble de productos de pastelerĂa o productos de copetĂn y el triple de golosinas .
ÂżSerĂa negocio para las industrias seguir vendiendo estos ultra-procesados con alto contenido de azĂşcar, grasas y sal y bajo valor nutricional, si tuvieran que hacerse cargo de los costos sanitarios que generan? Hoy el Estado paga las externalidades, afrontando el tratamiento de todas las enfermedades crĂłnicas no transmisibles que provocan los “productos comestibles” no nutritivos. Hoy las industrias de los “sĂmil alimentos” acumulan capital a costa de que del otro lado se acumulen pacientes en un sistema de salud colapsado y de muertes tempranas de personas que son sostĂ©n de familia.
La Ăşnica forma de ponerle un freno a la “comida chatarra” (vacĂa nutricionalmente y llena de ingredientes nocivos) y “los negocios chatarra” (vacĂos en valor y llenos de externalidades) es a travĂ©s de una buena legislaciĂłn. Sirve aumentarle los impuestos a la industria del azĂşcar y darle beneficios a quienes producen responsablemente . Sirve la nueva ley de etiquetado frontal de alimentos que advierte cuando un envase contiene exceso de ingredientes nocivos. Sirve regular la publicidad. Son muchas las normas que debemos actualizar para transformar este sistema alimentario que viene generando obesidad, sobrepeso, enfermedad y muerte. Y debe acompañarse de campañas de concientizaciĂłn que estimulen el consumo y la producciĂłn responsable.
No es un ataque a las “fuentes de trabajo”, sino un cambio de paradigma que creemos puede generar más y mejor trabajo (como por ejemplo a travĂ©s de la agricultura familiar, la agroecologĂa, la diversificaciĂłn de las economĂas regionales). No es un ataque al capitalismo, sino una alarma sobre sus degeneraciones lobistas, extractivistas y oligopĂłlicas. No es un ataque en absoluto sino todo lo contrario. Es una defensa de la comida, de la vida, de las personas y de la Tierra. En zafrán creemos en un capitalismo consciente, de triple impacto, donde el lucro no se disocie del impacto en las personas y la Tierra. No sĂłlo creemos. Estamos llevándolo a la acciĂłn, con aciertos y desaciertos, junto a todo un ecosistema que quiere hacer las cosas bien.
Info de la problemática en menores:


