Cuando los científicos descubrieron al ornitorrinco pensaron que era una broma. Un animal cosido con un pico de pato, una cola de castor, patas de nutria… ¡Un mamífero que ponía huevos! Un ser que no encajaba en ninguna categoría conocida.
Esto mismo pasa con algunas transformaciones profundas, aparecen al principio como híbridos desconcertantes. Es el caso de las empresas con propósito: ornitorrincos culturales, ensayos vivos que mezclan mundos que durante mucho tiempo creímos separados, un nuevo intento de existir en un planeta herido.
Patagonia: activista y filósofa
Patagonia es el primer ejemplo que se nos ocurre de empresa ornitorrinco. No es casual que su fundador, Yvon Chouinard, arranque su libro, “Que mi gente vaya a hacer surf”, con una confesión incómoda: “Hace casi 50 años que soy empresario. Para mí es tan difícil decir estas palabras como para algunos admitir que son alcohólicos o abogados. Las empresas y los negocios son los principales responsables de los atentados contra la naturaleza y las personas…”.
No es una crítica desde afuera. Es un empresario reconociendo que el sistema económico, tal como funciona hoy, produce daños. Y, al mismo tiempo, es una invitación a cuestionar la propia categoría de empresa.
Ese es el experimento que Patagonia lleva adelante desde hace más de medio siglo. Una empresa filósofa, que se anima a poner en duda sus propias certezas y preguntarse para qué existe. Una organización coherente con las respuestas que encuentra, que se deja transformar (coser y descoser) por su propósito e ir en contramano de las lógicas dominantes.
Algunas de las grandes preguntas que se hizo Patagonia
¿Qué es un buen producto? Patagonia nació fabricando equipamiento para escaladores. Uno de sus productos más vendidos eran los pitones: piezas metálicas que se clavaban en la roca para poder escalar. El problema era que funcionaban dañando la montaña. Y ahí tomaron una decisión rarísima para una empresa: dejaron de fabricar el producto que más vendían. No porque no sirviera. Porque servía destruyendo aquello que amaban. Diseñaron otra alternativa. Más difícil. Más cara. Menos rentable al principio. ¡Pero coherente con su propósito!
¿Se puede ser “sustentable”? Una de las ideas más honestas de Patagonia es esta: toda empresa genera daño. Toda. La diferencia está en cuánto estamos dispuestos a revisar aquello que hacemos. No hablan de pureza sino de responsabilidad. De fabricar los mejores productos posibles, de evitar daños innecesarios y usar el negocio para enfrentar la crisis ecológica. Insisten en que no son una empresa verdaderamente sustentable. Y quizás ahí esté parte de su honestidad: en no presentarse como solución perfecta, sino como una organización en revisión permanente.
¿Es bueno crecer o vender más? No necesariamente , o automáticamente, es algo deseable para toda empresa. Patagonia cuestiona el consumismo desenfrenado que daña a la naturaleza. Propone una alternativa a través de campañas (“No compres esta campera”), acciones de reparación de ropa y ofreciendo ropa de calidad que dura generaciones. Un nuevo sistema sin descarte, sin velocidad y sin obsolescencia. Es una forma de resistencia cultural y una búsqueda de felicidad, de aprender a necesitar menos y disfrutar con tus seres queridos de la naturaleza.
¿Cómo donar una empresa a la naturaleza? En 2022, Yvon Chouinard tomó una de las decisiones empresariales más radicales de nuestro tiempo. En lugar de vender su empresa Patagonia, sacarla a bolsa o dejarla en herencia a sus hijos, transfirió una compañía valuada en más de 3.000 millones de dólares a una causa mayor: la defensa de la vida en la Tierra. Para lograrlo, diseñó una arquitectura legal inédita. El 98% de las acciones fue transferido a Holdfast Collective, una organización dedicada a financiar iniciativas ambientales. Las acciones con derecho a voto, que representan el 2% restante, quedaron en manos de un fideicomiso integrado por personas de su confianza, encargado de resguardar el propósito de la empresa y su sostenibilidad financiera a largo plazo. Desde entonces, todas las ganancias que la empresa no reinvierte en su operación se destina a enfrentar la crisis climática y ecológica. Patagonia dejó de existir para enriquecer accionistas y pasó a funcionar como una herramienta permanente de protección de la Tierra.
Esta decisión fue también un legado para la humanidad, un hito en la búsqueda de modelos económicos capaces de trascender la lógica tradicional del capitalismo, una demostración de que las empresas pueden cuidar la vida. El anuncio fue breve “La Tierra es ahora nuestra única accionista” (y jefa).
Movimiento ornitorrinco
El valor de Patagonia no es ser una empresa excepcional, sino una pionera ejemplar.
En las últimas dos décadas surgió un movimiento global que busca ampliar el rol de las empresas. El movimiento de Empresas B es uno de los principales motores de este cambio. Reúne a una red internacional de organizaciones que buscan ampliar la noción tradicional del éxito empresarial, integrando el bienestar social y ambiental a los resultados económicos. A través de estándares compartidos, transparencia y colaboración, impulsa el crecimiento de empresas que generan valor para la sociedad y el planeta. Su apuesta es sencilla y ambiciosa a la vez: que las empresas con propósito dejen de ser la excepción y se conviertan en la norma.
Las cifras muestran la magnitud alcanzada por este movimiento. Actualmente existen más de 10.000 Empresas B Certificadas en 103 países, que en conjunto emplean a más de un millón de personas.
Paralelamente, esta transformación también avanza en el plano institucional. Más de 50 jurisdicciones en el mundo ya cuentan con marcos legales inspirados en las Benefit Corporations, las Empresas BIC o figuras equivalentes, que incorporan objetivos sociales y ambientales en la gobernanza empresarial. Italia suma más de 4.150 Società Benefit, Francia supera las 1.700 Société à Mission y Colombia cuenta con más de 1.250 Empresas BIC. A ellas se suman países como España, Estados Unidos, Ecuador, Perú, Uruguay y Canadá. Estos avances muestran que las empresas orientadas al bien común ya no son una excepción: están dando forma a un nuevo paradigma empresarial que comienza a institucionalizarse a escala global.
Más allá de las certificaciones y los marcos legales, está emergiendo una nueva sensibilidad de época: la comprensión de que la economía no está separada de la vida. En respuesta a los límites del modelo dominante y a la profundización de la epicrisis, cada vez más empresas buscan regenerar vínculos, comunidades y ecosistemas.
Los grandes cambios históricos rara vez ocurren de forma repentina. Se gestan lentamente, cuando las instituciones, los valores y las formas de organización heredadas dejan de responder a los desafíos de su tiempo. Entonces, aquello que parecía natural comienza a ser cuestionado, mientras nuevas maneras de comprender la realidad buscan abrirse paso. Durante un tiempo, ambos mundos conviven: el que pierde legitimidad y el que aún está naciendo.
Las empresas con propósito expresamos esta transición. Ni proyectos “imaginables”, ni rarezas aisladas. Somos criaturas vivas, como el ornitorrinco, que desafían categorías e invitan a habitar territorios híbridos que antes parecían incompatibles. ¡Y somos cada vez más!
En Zafrán, Recetas Honestas, la semana pasada cumplimos 14 años, tratando (con muchas imperfecciones) de mejorar el mundo a través de una alimentación que nutra, genere trabajo inclusivo y regenere la tierra. Nos sentimos un ornitorrinco adolescente, con muchas ganas de seguir cuestionando las reglas del viejo modelo alimentario.
¿Querés saber más sobre Sistema B?
https://zafran.com.ar/zafran/que-hay-detras-de-la-b/
Preguntas frecuentes
¿Qué es una empresa con propósito?
Una empresa que, además del beneficio económico, se hace responsable de su impacto social y ambiental y revisa sus prácticas cuando descubre que hacen daño.
¿Por qué Patagonia dejó de fabricar su producto más vendido?
Sus pitones de escalada dañaban la roca. Dejaron de fabricarlos y diseñaron una alternativa más difícil y cara, pero coherente con su propósito.
¿Se puede ser una empresa “100% sustentable”?
Según la nota, no: toda empresa genera algún daño. La honestidad no está en declararse pura, sino en asumir la responsabilidad y mejorar.
Zafrán es uno de esos ornitorrincos: conocé cómo lo intentamos en la sección Nosotros.




